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Mientras nos estábamos preparando para ir al hospital para ver a Sara, intenté sacarle a mi hermano información sobre como y por qué habían tenido el accidente el día anterior. Pero me contestó con evasivas una y otra vez, dándome a entender que el accidente se produjo por que simplemente se distrajeron. Pero… No sé por qué… tuve la sensación de que había algo que no me contaba. Lo notaba en su actitud, lo veía en sus ojos.

En torno a las 16:30, él ya estaba listo y me esperaba sentado en la escalera trasteando con su móvil.

Quise plantearle nuevamente mis dudas respecto a nuestra extraña relación, pero sabía que él no tenía mas respuestas que yo sobre este tema. Aún así, aunque me asustaba la situación, no podía evitar encontrarle cierto morbo a la forma en que nos tratábamos. Si estábamos a más de tres metros de distancia, el comportarnos como hermanos surgía de forma natural. Seguía regañándole por no recoger su ropa del suelo de su cuarto, por no tener cuidado al coger su camiseta del montón de ropa planchada, por no ventilar su cuarto cuando olía a rayos y mil cosas más. La verdad es que me frustraba bastante.

Pero cuando estábamos a corta distancia… Las cosas cambiaban. Sentía un deseo irrefrenable de besarle, Acariciar su rostro y abrazarle deseando que el tiempo se detuviera eternamente para dejarme llenar por esa maravillosa sensación, la que me invadía cuando le tenía cerca. ¿Era eso estar enamorada realmente?. No se parecía en nada a las otras veces que creí estarlo con alguno de mis ex. Esto era mucho más intenso. Mucho más irresistible.

Cuando se giró para verme en lo alto de la escalera yo reaccioné. Había perdido la noción del tiempo y no sabía cuanto tiempo había estado ahí parada mirándole como una estúpida.

- ¡Aleluya! – Gritó.

- Si no dejaras tu cuarto hecho una mierda cada dos por tres, habría terminado mucho antes de arreglarme – Contesté ofendida. Comencé a bajar la escalera.

- Lo recoges por que tú quieres – Respondió.

- Si claro. Si no te lo recogemos Alba, Sara o yo, lo hace mamá. Y ya bastante tiene con su curro… – Le respondí. Sabiendo que entraba en una discusión imposible de ganar, mi hermano cambió de tema radicalmente cuando me cogió de las manos al llegar al final de la escalera.

- No te enfades nena. Sabes que soy un desastre… – Me besó las manos tiernamente.

- Pues si pero… – ¿Pero qué?. Veía la expresión de su rostro y me era imposible enfadarme con él. Me miraba con una expresión de súplica y tristeza. Estaba tan harto de pelear como yo y hacía su mejor esfuerzo por llevarse bien conmigo. Tras un profundo suspiro le abracé. Tal vez para consolarme o tal vez para recobrar fuerzas y tener el valor de enfrentarme a lo que me esperaba. Ver a mi mejor amiga. La novia de mi hermano. La persona en quien mas confiaba… Y a la que más había traicionado.

No pasó mucho rato hasta que por fin salimos al garaje. La madre de Sara le había prestado a mi hermano su coche, ya que ella apenas podía conducir a causa de una enfermedad.

- ¿Puedes conducir bien con el tobillo así? – Le pregunté.

- Si. Parece mas de lo que es y cada vez me duele menos… – “¿Para qué pregunto?” me dije a mi misma. Mi hermano acostumbraba a hacerse el gallito con estas cosas.

Nos pusimos en camino poco después, pero el nerviosismo de mi hermano era evidente. Le puse una mano en el hombro y le hice un pequeño masaje. A decir verdad, yo también estaba nerviosa pero sentía la necesidad de calmarle.

- Estas nervioso Jose. ¿Que te pasa? – Él suspiró profundamente pero se limitó a negar con la cabeza y sonreírme. Tampoco es que pudiese culparle. Para él tenía que ser una situación tan difícil como lo era para mí y apenas había pensado en ello.

Cuando paramos en un semáforo yo me desabroché el cinturón de seguridad y me acerqué a él para besarle. Le besé con ternura en los labios y la mejilla y acaricié su pelo mientras le susurraba al oído que todo iba a salir bien. Lo cierto es que darle ánimos me estaba ayudando bastante a mí también y cuando el semáforo se puso en verde volvimos a ponernos en camino bastante más contentos.

- Me gusta cuando estamos así… Como si fuésemos novios – Me dijo con una amplia sonrisa. Aún me resultaba raro sentirme de esa forma con mi hermano pero al mismo tiempo era agradable, me hacía sentir segura. Aunque en el fondo ninguno de los dos podía olvidar la verdad.

Cuando por fin llegamos al hospital y aparcamos quince minutos después de salir de casa, ambos nos dimos las manos y apretamos con fuerza mientras nos dábamos el último beso hasta quien sabe cuando. Aún con la mano en mi rostro, la mirada de mi hermano era extraña. De nuevo tenía la sensación de que me ocultaba algo que se moría por contarme. Como si le doliese no hacerlo. Pero no era el momento de presionarle.

- Te quiero – Le dije antes de robarle un último y profundo beso. Él me correspondió guiñando un ojo y con una cálida sonrisa. “Te quiero” que bien sonaba…

Cuando salimos del coche volvimos a ser hermano y hermana, aunque yo aun sentía el sabor de sus besos en mis labios.

Me limité a seguirle puesto que él sabía donde teníamos que ir y no tardamos mucho en llegar a la habitación de Sara que tenía la puerta cerrada.

Cuando llamamos y entramos dentro nos encontramos la cama mas cercana vacía. Pero en la siguiente, Sara estaba tumbada viendo la televisión a punto de quedarse dormida. Su madre estaba completamente dormida en un sillón junto a su cama. Ni siquiera se percataron de nuestra presencia hasta que Jose dijo su nombre en voz baja. Entonces Sara se empezó a espabilar muy rápido.

Fue en ese momento cuando me percaté del gran moratón en su pómulo derecho y de los dedos de su mano derecha entablillados. Jose me había resumido sus heridas en casa pero al verlas no pude evitar estremecerme por la impresión. Ella nos miraba con una sonrisa amplia y traviesa mientras su madre se desperezaba y yo no pude evitar que mis ojos se empañaran al verla en ese estado. Siempre había sido muy dura pero ahora parecía tan vulnerable… ¿O quizás lloraba por que me sentía como una mierda a su lado?.

Cuando mi hermano se adelantó para besarla yo no pude evitar sentir un poco de celos.

Después llegó mi turno.

- Mi niña… No te asustes – Me dijo.

- ¿Te duele mucho? – Le pregunté.

- Naaaaa… Solo cuando respiro – No pude evitar reírme al ver que el accidente no había cambiado su humor. Ella agarró mi mano con su mano izquierda y no me soltó.

- No para quieta. Las enfermeras ya la han regañado dos veces por levantarse sola de la cama – Nos dijo su madre enfadada.

- Es que tumbada me duele más al respirar – Sara me mostró la parte derecha de su torso donde tenía un gran moratón bastante oscuro e hinchado a la altura de las costillas. La impresión que me causó al verlo hizo que sintiera náuseas y tuve que agarrarme fuerte a la cama para no marearme.

- Tiene peor pinta que esta mañana – Apuntó mi hermano. Por primera vez Sara parecía algo tristona.

- Si… Me habían dicho que a lo mejor me daban el alta hoy, pero ahora hay una médica que quiere vigilármelo hasta mañana -

- Bueno no te quejes. Ya te han dicho que bastante suerte has tenido que no te las has roto todas en el accidente. Verás como así aprendes a ponerte el cinturón en el coche – Sara parecía cada vez más irritada con su madre y después de un rato convenció a mi hermano para que la llevara a casa a descansar dejándonos a las dos solas. Yo estaba aterrada.

- Bueno mi niña… ¿Y tú que tal con tu hermano? – Sus palabras me provocaron un escalofrío.

- ¿Con mi hermano? -

- Si. ¿Habéis hecho las paces ya? – Sus ojos me estudiaban con atención mientras mi corazón latía con fuerza y cada vez tenía más calor.

- Si, bueno… Ya sabes. A veces discutimos pero se nos pasa enseguida… – Su mirada seguía estudiándome pero esbozó una sonrisa que a mí me pareció un poco forzada.

- Me alegro… – “¿Seguro? ” Pensé. Era curioso pero ahora era Sara la que me daba la sensación de que no me estaba contando algo. ¿Me estaba volviendo paranoica?.

- Alba está muy preocupada. Se muere de ganas de verte – Su mirada me incomodaba tanto que quise cambiar de tema rápidamente para ver si me la quitaba de encima.

- Ya… Pobrecita mi niña. Pero ya lo he hablado con tu madre. No quiere que venga a verme al hospital para que no le de tanta impresión verme. Como mañana con suerte me darán el alta… Pues veré por fin a la trasto – Su mirada era más suave.

- Entonces cuando te den el alta… ¿Te quedas en nuestra casa o en la tuya? – Le pregunté. La verdad es que yo no sabía muy bien que prefería.

- Aún no lo sé… Tu hermano y tu madre quieren que me quede en la vuestra para no estar sola todo el día – Tenía sentido. Sus padres se pasaban la mayor parte del tiempo trabajando en su bar y su hermano pequeño prácticamente estaba todo el día en la calle.

- Bueno, a mí me queda poco para empezar la uni, pero no tendré que ir todos los días. Así que podré cuidarte y hacerte compañía… Además, Jose estará unos días sin trabajar… – Ella sonrió y me besó la mano (que había olvidado que aún me tenía cogida). Su sonrisa era amplia y le hacía su ya de por sí bonita cara aún mas bonita.

Seguimos hablando un buen rato de nuestras cosas hasta que trajeron a otra mujer para ocupar la cama vacía. Mi hermano volvió al poco tiempo seguido de Andrea, Dani y dos amigas más y no tardaron mucho en echarnos a la mitad fuera del cuarto para evitar que formáramos escándalo.

Sara se negó a que aquella noche nos quedásemos alguno con ella a dormir y cuando empezaron a repartir la cena por las habitaciones nos despedimos.

Cuando llegamos a casa después de pasar a por unas pizzas para la cena, Alba y mi madre nos acosaron a preguntas un buen rato. Cuando por fin conseguimos saciar su curiosidad y cenar, llegó la hora de irse a dormir. Al menos mi madre y mi hermana. Jose y yo aún teníamos asuntos pendientes.

Jose;

Busqué a Irene por toda la casa y finalmente la encontré en el sótano planchando un buen montón de ropa. Tenía puesto un pantalón de pijama de color rosa bastante fino y ajustado y una camiseta de tirantes blanca ajustada a su delgado cuerpo. No llevaba sujetador. Me quedé contemplándola desde la puerta mientras observaba como su pelo castaño, suelto y liso se mecía tras cada uno de sus movimientos. Mi imaginación se disparó al instante provocando que surgiera espontáneamente una erección.

Después de unos segundos me acerqué a ella con sigilo y abracé su cintura provocando que diese un pequeño respingo. Menor del que esperaba.

- ¿No te he asustado? – Le pregunté mientras besaba su pelo. Olía a su champú. Mientras mis manos recorrían su vientre instintivamente frotaba mi entrepierna con sus nalgas.

- Pues no tonto… Te he escuchado bajar… – Ella se mordía el labio inferior esbozando una pequeña sonrisa.

- Hoy ha ido bien en el hospital ¿verdad? – Su sonrisa se esfumó al instante para sustituirla por su típica mueca de sarcasmo sin dejar de morderse el labio inferior. Empujó mi cuerpo hacia atrás con su culo para alejarme de ella mientras trataba de seguir planchando.

- Dímelo tú. Estabas muy cariñoso con ella… -

- ¿Estás celosa Lene? – Le pregunté con voz burlona.

- ¿Yo? Ya quisieras tú. Además ¿es tu novia no? – Su tono y la expresión de su cara parecía estar peligrosamente cerca del enfado.

- Pues si, es mi novia… – ¿Para qué negar lo evidente? Pensé. Prácticamente estaba seguro de que estábamos a punto de entrar en otra discusión y me resigné a ello. Solté su cuerpo y me senté en el sillón que había a la derecha.

- ¿Y qué soy yo Jose? ¿Tu hermana o tu amante? – Siguió planchando pero esta vez trataba a la plancha con agresividad.

- Ya lo sabes Lene… Yo… -

- ¡No¡ !No lo sé! y tú tampoco creo yo… – Me interrumpió.

La verdad es que tenía razón. Si Sara era mi novia… ¿No convertía eso a Lene en mi amante? ¿O sólo era mi hermanita con la que tenía relaciones sexuales?. Me quedé en silencio en el sillón hecho un lío hasta que ella me miró con sus ojazos marrones de reojo y se echó a reír. Yo no entendía nada.

Apagó la plancha para después venir hasta mi posición y sentarse en mis rodillas.

- Te estoy vacilando tonto… ¿por qué siempre picas? – Me dijo justo antes de darme un mordisco en la nariz.

- Estás muy loca… – Intenté besarla pero me esquivó mientras ponía una expresión provocativa. Le divertía jugar conmigo.

- Loca de celos… – Su sonrisa se hizo mas evidente cuando hundió su mano en mi pantalón y sacó mi pene para masajearlo.

- ¿Y que hago para que no estés celosa? – La verdad es que estaba un poco desorientado por su actitud.

- Trátame como a ella. Quiero sentir que te importo. Que te preocupas por mí. Hazme sentir como si fuese tu novia – Sus palabras ahora sonaban dulces en mi oído.

- ¿Y no te trato así? – Yo mismo sabía la respuesta antes de que ella contestara. Dejó de mover su mano sobre mi pene.

- No Jose… La mayor parte del tiempo me tratas como a tu hermana y cuando estamos solos me tratas como tú amante. Quiero ser algo más… Sentir que te tengo todo el tiempo. Que piensas en mí, que te preocupas por mí, que me cuidas… ¿Entiendes lo que te digo? – Lo cierto es que si lo entendía y hasta me gustaba la idea pero…

- Lene… Si yo te entiendo. Pero nunca te podré besar en público. Ni acariciarte, ni decirte que te quiero… -

- Tú trátame como te he dicho y esas cosas nos las guardamos para nosotros. Para cuando estemos solos. ¿Vale? – Cuando asentí con la cabeza aún estaba tratando de asimilar el concepto. Pero asentí con sinceridad. Me gustaba la fórmula que había encontrado para llevar nuestra relación. Pero había ciertas cosas que ella aún no sabía y que yo no estaba seguro de cómo se las tomaría si se enteraba. Pero no era momento de preocuparse con esas cosas. Esta noche estábamos juntos y esta noche era suyo.

El beso que descargó en mis labios fue profundo e impaciente. Su sabor fresco con sabor a pasta de dientes inundó mi boca mientras su mano masajeaba mi pene de nuevo.

Cuanto más asimilaba nuestra charla más consciente era de lo mucho que me quería y de lo mucho que anhelaba sentir que yo también la quería a ella. Cada “te quiero” que le soltaba encendía más su cuerpo y su lengua. Cada caricia que le daba ella me la devolvía al instante.

Por primera vez desde que comenzáramos nuestra relación contemplé su precioso rostro por el simple placer de hacerlo. No sabía que tipo de mirada le estaba echando pero estaba claro que de alguna forma le gustaba. Incluso se avergonzó un poco y trató de taparse la cara con la mano. Pero no retiró su mirada de mis ojos y nos mantuvimos casi inmóviles un buen rato. “Casi” por que lo único que se movía con voluntad propia entre nosotros eran nuestras manos acariciándonos suavemente. Ya no había vergüenza, por fin nos veíamos el uno al otro completamente desnudos en nuestro interior.

Cuando descargó su abrazo sobre mi cuello supe que algo había cambiado para siempre. Ni siquiera podría explicarlo. Pero ambos lo sabíamos.

Sus besos se tornaron pacientes mientras se quitaba su camiseta ajustada dejando sus pechos al aire. Yo me límite a besarlos cuando se acercó a mí ofreciéndomelos, pero extrañamente sus caricias en mi pelo me resultaban mas estimulantes.

Después de unos segundos ella me levantó del sillón y me llevó hasta el viejo sofá junto a la pared del fondo. En un movimiento sensual me bajó el pantalón y me tumbó para después desnudarse completamente y echarse sobre mí.

Mi cuerpo deseaba penetrarla cuanto antes pero en mi mente tan solo podía pensar en sus labios y caricias. Finalmente la mente se impuso y durante varios minutos nuestros labios se fusionaron. Entre beso y beso sus preciosos ojos y su radiante sonrisa me transmitían una sensación de felicidad inmensa.

- Quiero estar así para siempre contigo – Le dije. En otro momento, mis palabras y mi voz me hubiesen parecido tremendamente cursis. Pero no en ese momento.

- Lo estaremos siempre que quieras Jose… – Me dijo con ternura.

Con un último y fugaz beso, ella se alejó para poner su entrepierna sobre la mía. Cuando agarró mi pene y se aseguró de que estaba lo suficientemente tenso se dejó caer sobre él soltando un pequeño gemido.

Durante unos segundos se quedó Inmóvil con los ojos cerrados y moviendo lentamente su cabeza. Cuando comenzó a mover su cuerpo de nuevo se dejó caer hasta quedar a pocos centímetros de mi pecho. Nuestras miradas se cruzaron de nuevo mientras una y otra vez su cuerpo se movía sobre el mío haciendo que la penetrara suavemente.

Notaba su respiración al compás de sus movimientos y de vez en cuando un gemido que nacía en el interior de su pecho moría entre sus labios. Mientras tanto yo no perdía detalle de sus ojos. Estaba sumido en ellos. Como si no existiese nada más en el mundo.

Una vez tras otra durante varios minutos su cuerpo buscaba que la penetrara lentamente, hasta que le pedí que intercambiásemos las posiciones.

Cuando me puse encima ella puso sus manos en mis hombros como precaución por si la penetraba bruscamente.

- Despacio Jose… Hoy quiero sentirte más que nunca… – Me dijo cuando comencé a penetrarla.

Ahogó un profundo gemido besando mi pecho cuando empujé con profundidad todo lo que pude. Dejé que durante unos segundos se acostumbrara a esa nueva sensación y después comencé a moverme. Cuando comprendió que no me iba a acelerar, sus manos comenzaron a recorrer mi piel nuevamente.

Después de rodear mi cuerpo con sus piernas, una a una, mis lentas embestidas hicieron que su cuerpo se estremeciera de placer mientras me cubría de besos y caricias. Con frecuencia tenía que taparse la boca para impedir gemir demasiado alto aunque yo sabía que el sótano estaba bastante insonorizado. De cualquier forma, era la primera vez que hacíamos el amor con nuestra madre y nuestra hermana pequeña en casa y toda precaución era poca.

- No quiero perderte nunca… – Me dijo Irene entre gemidos. Notaba como el calor de su cuerpo se había disparado en los últimos minutos tras comenzar a penetrarla profundamente.

- No me vas a perder Lene… Siempre estaré contigo mi niña… – No pude evitar que mi cuerpo se acelerase al notar que estaba a punto de correrme.

También ella se aceleraba poco a poco mientras sus dedos se aferraban a mi espalda con desesperación y su boca daba mordiscos a mis hombros y mi cuello. Pese a la excitación, ninguno de los dos había perdido la ternura inicial. Sus ojos buscaban los míos con un brillo húmedo mientras los míos buscaban los suyos como si fuesen una droga incapaz de dejar. Sus ojos color avellana hacían que mis sentimientos por ella y mi excitación se multiplicaran a cada segundo que pasaba hasta que al final, en una explosión de emociones, los dos llegamos juntos al clímax fundidos en un cálido abrazo y un tierno e interminable beso.

Ambos nos quedamos mirándonos tumbados en el sofá conscientes de que esta vez algo había ocurrido de forma diferente. Nos habíamos dicho que nos queríamos varias veces, pero esta era la primera vez que nos lo habíamos demostrado el uno al otro. Irene me dedicó su sonrisa más bonita.

- Lo que me has hecho sentir hoy es increíble nena… – Le dije. Ella se sonrojó y sus ojos se humedecieron al momento.

- No, tonto… Lo que pasa es que ahora ya nos entendemos… – Dijo Risueña.

- No se no se… Creo que tendremos que seguir trabajando toda la noche para entendernos… – Le contesté yo con voz traviesa. Ella me sonrió mordiéndose la punta de su lengua.

- Pues no deberíamos perder el tiempo ¿no? -

Irene;

Desperté lentamente sintiendo el calor del cuerpo de mi hermano en mi piel húmeda. Él me acariciaba el pelo desenredando los mechones suavemente con sus dedos y yo me dejé llevar por la relajación que me producía.

Mi hermano había echado sobre mi cuerpo una manta vieja que siempre teníamos sobre el respaldo del sofá. Deduje que lo había hecho con mucho cuidado por que yo ni me había dado cuenta. Eso me hizo sentir muy bien y le recompensé con un cariñoso beso en su pecho.

- ¿Ya te despiertas mi niña? -

- Si. Pero estoy en la gloria ahora… – Era verdad. Habíamos hecho el amor dos veces durante toda la noche y estaba exhausta, pero aquella postura, el silencio y la quietud de las cosas me habían inducido un estado de relajación inmenso. Mis pensamientos se perdieron en el sexo que habíamos tenido.

¡Qué diferente a todo cuanto conocía! ¡Qué especial! ¡Qué…! ¡Qué…! ¡Qué bonito!. Tal vez no hubiese sido el más placentero, pero sin duda había sido algo inolvidable.

- ¿Qué hora es? – Pregunté.

- Son casi las 05:30. Mamá se levantara en una hora más o menos – Sus manos seguían surcando mi pelo.

- Bueno… ¿Y qué hacemos? ¿Nos acostamos? -

- ¿Otra vez? – Respondió juguetón.

- Tonto… Ya me entiendes – Me hice la ofendida pero ambos sabíamos que era broma.

- Jajajaja si mi niña. Pero la verdad es que… Yo echaba otro… – “¡Madre mía! ¿Tú que tomas? ” pensé.

- Nene… Yo estoy cansadita. Si quieres te hago algo, pero eso no, que estoy que me caigo – No había terminado de hablar y ya noté cómo palpitaba su pene bajo mi muslo.

- No te preocupes Lene… Nos vamos a dormir si tú quieres – Mentiroso…

- Si si… Eso díselo a tu “amiguito”… – Deslicé mi mano hasta alcanzar su entrepierna y hallé su pene con una buena erección. Me acomodé en el sofá para poder masturbarle mejor y que pudiese acariciar mis senos libremente.

Cuando comencé a masturbarle noté como su respiración se aceleraba y sus manos recorrían mis pechos y mis pezones con avidez. Esa noche me había hecho sentir especial por lo que empecé a pensar en un modo de recompensarle.

Después de un par de minutos me decidí y descendí por el sofá hasta que mi boca llegó a la altura de su pene. Enseguida noté el penetrante olor a esperma proveniente del sexo que habíamos practicado. “Puagg” pensé en un principio, pero tras ver la esperanza reflejada en su cara no me atreví a echarme atrás y comencé a chupar. El sabor agridulce de su semen y mis propios fluidos invadió mis sentidos al momento, pero no me resultó muy desagradable. De hecho, cuando recorrí su pene con mis labios y mi lengua humedeciéndola con mi saliva, el sabor se hizo mucho mas soportable y me daba cierto regustillo a dentífrico. Ahora me sentía mucho mas cómoda para darle placer.

Sostuve su pene con mi mano manteniéndolo tenso tras tirar de su piel y recorrí toda su superficie con la punta de mi lengua. Por sus expresiones noté que aquello le daba mucho placer y lo exprimí al máximo. Verle así incluso me proporcionaba a mí cierto placer. Tras varios segundos volví a chupársela lenta y profundamente pero sin llegar a sentir arcadas por ello. Sabía que eso le gustaba mucho pero definitivamente no era mi estilo.

- ¿Te gusta? – Le pregunté con tono malicioso. Ni siquiera me contestó. Vi su cara retorcerse por la excitación y no pude evitar sonreír.

Tras apenas dos minutos lamiendo, Chupando y volviendo a lamer, noté como su miembro cada vez se tensaba más.

- Lene… Me voy a correr… – ¿Y ahora qué?. Miré al rededor y no encontré nada lo suficientemente cerca para recoger su corrida. Los clinex que había utilizado antes para limpiarme estaban en la papelera y desgraciadamente el paquete quedaba lejos y no creía que pudiera alcanzarlo antes de que lo dejara todo perdido. “De perdidos al río” me dije.

Por suerte, no descargó mucho semen en mi boca y pude manejarlo fácilmente. Pero cuando me levanté para ir a escupir sobre un par de clinex él tiró de mi brazo y me volvió a sentar.

- Trágalo – Me dijo con tono malicioso. Yo me negué poniendo cara de asco y me levanté de nuevo pero él me volvió a sentar y comenzó a hacerme cosquillas. Durante unos segundos forcejeamos en el sofá mientras yo gruñía y le suplicaba con la mirada. Él se partía de risa mientras yo estuve a punto de tragármelo un par de veces. Para pagarle con su misma moneda traté de besarle pasa deshacerme de aquella cosa y entonces era él quien trató de escapar.

- Puagg ¡qué asco! ¡quita! – Finalmente me soltó y corrí hasta el paquete de clinex para escupir. Cuando por fin me deshice de ello tiré los dos clinex a la papelera, cerré la bolsa con un nudo y me senté a su lado. Tenía la boca pastosa y estaba deseando volver a lavarme los dientes.

- Bueno nene… ¿nos acosta…? ¿NOS VAMOS CADA UNO A SU CAMA A DORMIR? – Él se empezó a reír.

- Vale, mi niña… – Contestó al final.

Después de unos minutos los dos volvíamos a estar vestidos y nos disponíamos a salir del sótano, pero yo le detuve.

- Si mañana le dan el alta a Sara y se viene a casa… Vas a estar mas tiempo con ella que conmigo… – Él comprendió mis dudas al momento y me abrazó.

- Lene, no voy a pasar de ti – Notaba cierta seguridad en sus palabras pero aún así…

- ¿Me lo prometes? – El cogió mi barbilla y me obligó a mirarle.

- Nena TE QUIERO… No te preocupes. No voy a dejarte de lado – Lo cierto es que sus palabras me convencieron tanto que me hicieron sonreír. Agarré su mano y tiré de él para subir las escaleras. Cuando llegamos al pasillo de nuestros cuartos nos despedimos con un fugaz beso y yo entré al cuarto de baño para orinar y lavarme los dientes.

Cinco minutos después ya había terminado y me metí en la cama. Me fijé en que mi móvil estaba casi sin batería y al ponerlo a cargar me puse a leer los mensajes acumulados del whatsapp. Uno era de mi Jose. ¡De hacía tan solo dos minutos!.

“Me has regalado una noche, espero que me regales mil más ” – Una risita tonta se me escapó. No supe muy bien que contestarle, ni siquiera sabía si debía hacerlo. Pero al final encontré las palabras.

Estaba en un sueño y apenas me atrevía a escribir, pero cuando lo envié y me tumbé a oscuras en mi cama, no tardé mucho en quedarme dormida con una enorme sonrisa en mi rostro y sin parar de pensar en el mensaje que le había mandado.

“Te regalaré todas las noches de mi vida”.



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